Mi vida está hecha de deja vús, de sueños que hago cuentos, o cuentos que se convierten en sueños. A los 18 fui con una amiga a Xcaret (y también a Xel há), sin muchas maletas, con poco dinero, un autobús de gente insoportable y bolsas llenas de cereal que robabamos del hotel para no gastar en comida. No sé si fue en Xel há o Xcaret, pero todos esos sueños (pesadillas) de los peces naranjas que me mordían hasta hundirme se materializaron, el miedo se hizo realidad cuando me metí a la orilla del mar. Desde pequeña el sueño me sigue constante, con fuerza.
Recuerdo agua. Recuerdo peces grises, mi cuerpo mojado, el agua se metía por mis poros: reclamaba toda mi piel. Y todos esos peces que nadaban entre mis piernas, se me metían por las entrañas. Nadie, nadie los oía pero yo sé que gritaban: No vas a poder huir de nosotros.
No me gusta Cancún, no me gustan los peces y tampoco me gusta el mar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario